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La luz al final de la pandemia

La luz al final de la pandemia

Ibiza, la Isla más amada, respira ahora, ya, por fin relajada...

El cielo es más azul, más alto, más celeste, con puro aire fresco de los algarrobos y el mar.

Felices, se ven las personas que llegan ansiando respirar este delicioso aroma de libertad.

Estos dos años pasados fueron un golpe traicionero y de lo más bajuno para nuestras vidas, para la economía de esta isla que depende del turismo , económicamente si, pero no solo por el dinero, sino que la isla como una mujer, necesita que la invadan amablemente, que la penetren de adorables novedades, que le aporten noticias, cultura, amor.

Y eso nos lo quitó la desgraciada pandemia.

Pero terminó, (creo que podemos decir que la vencimos, como siempre vence el ser humano todos los virus, pestes y miserias, con arrolladora alegría de vivir, con ingenio y unas ganas difíciles de parar) y nos quedamos con lo bueno que no dejó el maldito bicho; playas más limpias, un aire delicioso que hacía más de cuarenta años no se paladeaba, un ambiente de resurrección, de agradecimiento ante el milagro de un ser vivo, y en lo material, una reducción de la oferta excesiva, una depuración de la dirección en los establecimientos hoteleros, que por primera vez han interiorizado que el cliente es lo que les da de comer, el cliente es el rey y han renunciado ( roguemos que para siempre) a tratarlo como meras cifras manipulables a su conveniencia, además con las carreteras recién inauguradas se da la contradicción que se ha reducido el parque de vehículos motorizados, muchos rent a car se encuentran cerrados y se ha reducido la matriculación en las oficinas de Tráfico.

Con tristeza vimos como pequeños restaurante, originales, coquetos, exclusivos por lo cuidadoso de su oferta, han desaparecido posiblemente para siempre (snif, snif).¡Joyas esplendorosas de arte!

Pero hay muchas noticias buenas; han llegado nuestros fieles ingleses que aporta a la isla su alegría de filosófica despreocupación, su mentalidad de libre y audaz innovación, y por qué no decirlo, su súper adaptable aceptación de las condiciones de lugares como SanAntonio Portmany, Playa den Bossa o Marina Botafoch que han sido invadidos por sustitutos de otros parajes europeos (tenemos la esperanza de que no se los hayan arrebatado del todo aún.)

Llega las hermosas hermanas suecas, y a veces traen sus maridos y sus hijos, pues Ibiza trata con dulzura a los niños, no son meros turistas; ellos nos transfieren su elegante cultura, llegan también los amables, cumplidores y desenfadados alemanes y alemanas, llegan a trabajar de toda Europa, de Rumanía, de Rusia, de Sudamérica y centroamérica, se nos va mezclando la gente, y ahora ya no sufrimos ningún peligro de consanguinidad; por favor que no pare esta bienhechora invasión.

Por el espacio navegan las chicas de compañía que nos van devolver la libido a la que casi habíamos renunciado, se las espera, ellas van viendo las curvas exuberantes de sus colinas y montes, sus ensenadas para hacer el amor entre arenas y sabinas, bajando hacia la pista de aterrizaje después de horadar las jugosas nubes blancas.

La alegría en la isla estalla en increíbles colores, y también llega en barcos y aviones de los que vemos desembarcar la adorable juventud de las scort, las putas que nos honran con su belleza, expertas en el goce del amor erótico que es el ritual que esta isla femenina propicia con devoción.